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Se trata de un estilo que engloba una filosofía de vida que busca crear ambientes que promuevan la calma, la serenidad y la conexión con nuestro entorno natural.  Espacios que inviten a la reflexión y apreciación de la belleza en su forma más simple. 

¿Cuáles son las claves de esta corriente?

 

 

“El mandamiento número uno consiste en abandonar todo lo que no genera alegría ni cumple una función específica, cuando eliminamos el desorden visual y reducimos al máximo la cantidad de objetos, se crea una sensación de organización y armonía en el espacio».

 

La sustentabilidad tiene un rol protagónico en esta corriente, y la reutilización o reciclado de materiales aporta vitalidad y calidez.

Se utilizan formas irregulares y sinuosas, suaves, para aportar tranquilidad y emociones positivas. Las formas naturales de curvas que aluden a la naturaleza generan en el usuario una sensación de calma y bienestar.

Los colores neutros ayudan a generar armonía visual: blancos suaves, grises cálidos, marrones, tierra y verdes sutiles crean una armonía visual que refleja la naturaleza.

Por último, la elección de materiales naturales es fundamental: maderas claras macizas o piedras con veta clara se pueden combinar con algunos detalles en colores pasteles que den un toque alegre.